ORÍGENES
Etimológicamente, "pirotecnia" tiene sus raíces en las palabras griegas piros, fuego, y techne, arte o técnica, y significa "el arte que trata de todo género de invenciones de fuego".

Desde sus orígenes la pirotecnia se divide en dos: la militar y la civil, aunque los mismos artificios que se empleaban para los menesteres de la guerra servían para animar las fiestas y regocijos de la paz.

Chinos, indios y egipcios fueron buenos aficionados de este arte; transmitieron sus conocimientos a los griegos y posteriormente a los romanos, quienes dejaron en sus escritos descripciones de sus fiestas nocturnas, en las que el arte del fuego jugaba el papel principal.

Sin embargo, a la caída del Imperio Romano (siglo IV d. de J. C.) la pirotecnia sufrió una gran decadencia, volviendo a renacer en los siglos XI y XII con nuevas composiciones y mezclas que tuvieron gran aceptación en los festejos públicos.

Por su parte, el árabe Nedjen Eddin Hassan Alzammab escribió en el siglo XIII algunas recetas para producir fuegos artificiales; entre las que cita, se encuentran las estrellas, los vapores de colores, las guirnaldas, los centros de colores, las ruedas y los cohetes volantes.

En España los árabes hicieron renacer los fuegos artificiales en todas las fiestas, fabricando cohetes, bombas, tracas y luces de colores; no había festejo popular donde no se corriera la pólvora.

En las crónicas de los reyes de Aragón y Condes de Barcelona se leen frecuentes descripciones de artefactos que hacían las delicias del pueblo; aragoneses y catalanes llevaron a otros países el gusto por estas fiestas, encontrando en Italia gran entusiasmo por la pirotecnia.

De igual manera, en Francia despertó mucha afición, principalmente durante los siglos XV y XVIII, pues, en este último, Luis XV gustaba mucho de los fuegos artificiales.

En esta época se reconocían dos escuelas dedicadas a cultivar dicho arte; la primera de ellas, al norte del continente, cuyo centro de desarrollo se localizó en la ciudad de Nüremberg; la otra, en Italia, representada por los hermanos Ruggieri, que en Boloña tenían sus actividades. Aunque la primera participaba activamente en los progresos de la pirotecnia, los Ruggieri mostraban marcadas ventajas sobre ella, pues su creatividad y efectos artísticos producían mayor impacto visual sobre su público.

Fue hasta el primer cuarto del siglo XIX cuando se inició la etapa moderna de la pirotecnia, gracias al francés Chertier, quien inició el empleo de dos nuevos agentes químicos en las composiciones de los fuegos artificiales: el clorato de potasa y el nitrato de estronciana. El público empezó a apasionarse por las magníficas estrellas de púrpura que salían de los cohetes y las bombas, resplandeciendo en el espacio como meteoros luminosos.

Cabe mencionar que, hasta el siglo XVIII, los maestros pirotécnicos vivían aislados y transmitían la experiencia adquirida a sus aprendices bajo secreto y sin dejarlos escribir sus extrañas recetas, con el fin de que éstas no cayeran en otras manos que las de sus discípulos.

Fue hacia la mitad del siglo XIX cuando los estudiosos de la pirotecnia publicaron, en el Boletín de la Sociedad Química de París , las combinaciones para producir los fuegos artificiales. Además, se pudieron conocer, ya no empíricamente, sino por medio de fórmulas, los efectos que producían determinados elementos. Con esto, el arte pirotécnico se enriqueció y se difundió aún más.

Lograr colores como el rojo, rosa, lila, azul, amarillo, verde y blanco en diversas tonalidades se volvió común para los artesanos; asimismo, la variedad de formas se acrecentó, dando como resultado que casi cualquier figura fuera reproducida y apreciada en sus diversos colores; en la actualidad se pueden apreciar estrellas, abanicos, soles, palmeras, nombres, figuras humanas, glorietas, pabelIones, cohetes, coronas, castillos o los tradicionales toritos mexicanos.

La pirotecnia es un sueño vestido de fuego de colores y de fiesta

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Tultepec y su pirotecnia

La pirotecnia es arte y fuego, peligro y creación, juego de luces que rompe la oscuridad y engalana las celebraciones de carácter religioso o civil de nuestro país.

Para conocer la pirotecnia actual, es necesario referirnos a los orígenes que tuvo en México: durante los primeros años de la Colonia, los españoles realizaron justas, torneos y pasos de armas de carácter medieval para amedrentar a los señores indígenas; se exhibían ante ellos en complicados ejercicios ecuestres, acompañados a veces del estruendo de cañones y arcabuces; posteriormente, los torneos se efectuaron para celebrar a la nobleza, acompañados por fuegos pirotécnicos. Se tiene memoria de que, en 1640, se realizó uno de los últimos combates en la ciudad de México, presenciado por el virrey duque de Escalona, y culminó, nos dice Luis Weckman en La herencia medieval de México , "cuando los combatientes unieron sus fuerzas para luchar contra un monstruo pirotécnico, una sierpe de notable grandeza despidiendo de sí mucha artillería". Ese mismo año, pero en Puebla, el obispo Juan de Palafox y Mendoza organizó, con motivo del paso del virrey Escalona por esta ciudad, una justa con doce hombres armados con corazas que pelearon entre cohetes y tiros.

Respecto al Estado de México, la frase "la pirotecnia vive en Tultepec" engloba la trascendencia que este arte tiene para los habitantes del municipio, pues ha estado ahí como elemento diario y como parte importante de la cultura del lugar.

Tultepec es un municipio de la entidad mexiquense que se localiza al norte del Distrito Federal; tiene una extensión territorial de 22.49 kilómetros cuadrados, y limita al norte con los municipios de Melchor Ocampo y Nextlalpan; al sur, con Tultitlán; al este, con Nextlalpan y Tultitlán y al oeste, con Cuautitlán.

Los orígenes de la pirotecnia en Tultepec se remontan a más de dos siglos, cuando la pólvora se fabricaba con carbón de jara y tequesquite, que se extraía del lago de Texcoco y de los volcanes.

Al inicio, los artesanos tultepequenses trabajaron el carrizo, después la piel y por último el papel, que es uno de sus principales elementos que en la actualidad se usan.

Los primeros pirotécnicos del municipio eran fabricantes empíricos que no tenían conocimientos químicos; sin embargo, el moderno artesano conoce los equivalentes químicos de los cuerpos que emplea, sus cualidades y propiedades, los compuestos que los forman y su naturaleza, con lo que logra las mejores creaciones y la mayor seguridad posible. Algunos de los elementos que emplean y efectos que producen son: antimonio (produce el color blanco azulado), bicarbonato de sodio (produce el color amarillo), cloruro de mercurio (aumenta el color), sulfato de cobre (produce el color azul), sulfato de estroncio (produce el color blanco), azufre (presente en la mayoría de las mezclas) y clorato de potasio (actúa como explosivo).

Para que los artesanos preparen un kilogramo de pólvora, requieren 730 gramos de nitrato de potasio (salitre al 73%), 150 gramos de carbón (15%) y 120 gramos de azufre (12%); pulverizan los elementos, uno por uno, los reúnen y agregan 250 mililitros de agua destilada, mezclan todo hasta formar una pasta dura que se espolvorea manualmente, después se pulveriza y se cierne.

De los habitantes del municipio, 60 % están involucrados directa o indirectamente en la elaboración y puesta del espectáculo pirotécnico, o en la fabricación de castillos y juguetería.

Otras creaciones que manifiestan la imaginación y habilidad de los artesanos son los personajes históricos, religiosos y de leyendas, así como los objetos de especial significado para las localidades.

En la entidad mexiquense, además de Tultepec, existen otros municipios dedicados a este arte como Almoloya de Juárez, Capulhuac, Coyotepec, Tecámac, Tenango, Texcoco y Toluca; de este último destaca la comunidad llamada San Mateo Otzacatipan.

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Actividad artística

La pirotecnia no existe sin algo qué festejar; con ella, en la celebración sucede la magia de ver iluminado el cielo con grandes figuras de colores que se encienden, giran y silban al viento.

Qué mejor ocasión para observar el arte pirotécnico que la feria dedicada a esta rama artesanal; para ello, el ayuntamiento de Tultepec ha destinado parte de su presupuesto, a fin de brindarles un impulso adicional a los artesanos, ayudando a solventar gastos durante la Feria Nacional de la Pirotecnia, que inicia en marzo de cada año.

Dicha feria surgió con el objeto de aumentar las posibilidades comerciales y, más aún, para atraer turismo a la región. En años anteriores han asistido artesanos de Canadá, Estados Unidos y Japón, así como de poblaciones del estado, por ejemplo: Chimalhuacán, Toluca y Zumpango.

Esta celebración, con la que los tultepequenses celebran a San Juan de Dios (patrono de los pirotécnicos), abarca actividades como juegos mecánicos, bandas de música, comida típica y exposiciones de diversos productos de los países que asisten a ella.

La feria se cierra con la quema de los castillos, durante la cual los jueces califican creatividad, imaginación, colorido, continuidad, duración y movimiento, entre otros aspectos.

La amplia gama de creaciones ha sido clasificada en dos grupos: uno comprende los fuegos artificiales, espectáculo aéreo que contempla castillos, canastillas, bombas, cometas, cohetones bomba, abanicos de luz y trueno, efigies, cascadas, lluvia de brillantes, bombas lentejuela, bombas araña y crisantemos. El otro grupo abarca la juguetería y en ella se encuentran: el pino, el volcán, la multibomba, las bombas con centro de color, el gusano, los chifladores de vara y trueno, los cohetes bomba-luz, los buscapiés, la luz mediana, la luz de cigarro, la minicascada espacial, la candela, el misil, la abeja, la minibomba, el relámpago, el cañón, el avión, el torbellino, la paloma y el minicohete, entre muchos otros.

Respecto a los castillos, éstos se forman con varios cuerpos, cada uno consta de dos ruedas laterales, dos posteriores y una frontal que contiene la figura; posteriormente se elaboran los tubos con pólvora y se colocan en los cuerpos; se ensamblan y se dejan las mechas. Por tradición, el encendido del castillo siempre ha sido manual; sin embargo, el pirotécnico de Tultepec Manuel Reyes Arias, haciendo uso de la tecnología, creó un dispositivo electrónico que reduce riesgos para los artesanos; su innovación emplea la computadora: acciona el encendido mediante un programa que emite impulsos electrónicos acordes a los tiempos y notas de cierta canción, permitiendo que el castillo se vaya activando según el diseño. Este programa lo puso en marcha en ciudades de Estados Unidos de Norteamérica.

Los toritos se fabrican con una armazón de carrizo e hilo; se forra la estructura con periódico y cartón, después se adorna con papel de colores y se fija sobre dos ruedas; al momento de encenderlo y torearlo, lanza buscapiés.

Otra creación menos conocida es la mojiganga: una muñeca de cartón que baila de manera burlona e irónica; al igual que el torito, logra la diversión de quienes observan, gracias a la alegría y ritmo de quien la conduce.

Muy populares son las palomas, que se elaboran con tiras de periódico, se rellenan de pólvora, se cierran mediante dobleces, se sellan con pegol y se les incrusta la mecha; en tanto que el buscapiés es un tubo de periódico que lleva pólvora, tierra con dextrina y otra mezcla que se fija con una gota de cerilla.

Otra gran celebración en Tultepec es la que se conmemora cada 8 de septiembre para festejar la natividad de María, conocida como Virgen de Loreto; este día es el más importante para los habitantes del municipio. Vuelven los juegos mecánicos y se disfrutan la comida, la música y, por supuesto, las creaciones e innovaciones pirotécnicas. Todo ello envuelto por el culto religioso, que hace de esta celebración un día de fiesta sin igual en Tultepec.

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Fuentes Consultadas:

Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana. Espasa–Calpe, Vol. XLIV, Madrid, 1975.
Gama Villalobos, Patricia y Marco A. Gómez Sandoval. Las artesanías de Toluca . 2a. ed., H. Ayuntamiento de Toluca, México, 1973, 120 pp.
Madrigal Sigle, Claudia. Los domadores del fuego . Gobierno del Estado de México, México, 1993, 65 pp.
Peñafiel, Manuel. El Estado de México . Gobierno del Estado de México, México, 1975, 148 pp.
Weckman, Luis. La herencia medieval de México . El Colegio de México, T. I, México, 1984, 394 pp.
Museo de Culturas Populares